Si alguna vez te has quedado sentado en el coche cinco minutos más solo para respirar antes de entrar, o has notado que los hombros se te subían hacia las orejas a media tarde, esto es para ti. El yoga para aliviar el estrés no consiste en retorcerte como un pretzel ni en tocarte los dedos de los pies. Es una herramienta tranquila y práctica que puedes usar en casa, en la oficina, en el suelo de un hotel o justo en el salón de tu casa en pijama. A continuación respondemos con claridad a las preguntas que más nos hacen las personas que están empezando, para que puedas extender una esterilla (o una toalla) y comenzar.
Primero, ¿tengo que ser flexible? No. La flexibilidad es algo que el yoga construye, no algo que lleves contigo. La mayoría de las posturas para aliviar el estrés son suaves, con apoyo, y se adaptan a tu cuerpo tal como está. Si un estiramiento se siente agudo o como un pellizco, afloja un poco. Una ligera sensación está bien; el dolor es una señal para modificar. Accesorios como cojines, mantas dobladas y libros resistentes son totalmente válidos y, de hecho, hacen que la práctica sea más eficaz.
Segundo, ¿con qué frecuencia y durante cuánto tiempo debería practicar? La constancia importa más que la duración. Tres sesiones cortas a la semana, de quince a veinte minutos cada una, harán más por tu sistema nervioso que una hora ambiciosa seguida de una semana de descanso. Piensa en ello como en cepillarte los dientes: breve, regular y fácil de olvidar si lo saltas una vez. La práctica por la mañana suele marcar un tono más tranquilo para el día, mientras que la práctica por la noche ayuda a tu cuerpo a relajarse y a dormir más profundamente.
Tercero, ¿qué posturas ayudan de verdad con el estrés? Hay algunas clásicas que se han ganado su reputación. Piernas arriba en la pared es una auténtica favorita para principiantes; tumbarte boca arriba con las piernas apoyadas verticalmente en una pared quita presión a la zona lumbar y transmite seguridad a tu sistema nervioso. Gato-vaca, hecha sobre manos y rodillas, conecta la respiración con un suave movimiento de la columna y libera la zona donde la mayoría acumulamos tensión. Flexión hacia delante, sentada o de pie con una ligera flexión de las rodillas, calma la mente. La postura del niño es tu parada de descanso incorporada. Y la respiración en caja, inhalar durante cuatro, mantener durante cuatro, exhalar durante cuatro, mantener durante cuatro, ancla toda la práctica. Elige dos o tres en lugar de pasar por las cinco a toda prisa.
Cuarto, ¿y si mi mente no deja de acelerarse? Ese es el objetivo, no un problema. No tienes que silenciar tus pensamientos. El yoga te invita a observarlos, ponerles nombre y volver a la respiración. Cada regreso es la práctica. La calma mental llega como efecto secundario, nunca como objetivo.
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